Pasear por la Villa de Gracia un jueves cualquiera durante el año es una experiencia diferente para quien únicamente haya conocido este barrio de Barcelona en sus momentos de máxima actividad y animación, en especial los días de agosto durante los que se celebran las fiestas de Gracia.

Tomo la línea amarilla del metro y al salir en la parada Joanic me encuentro en la plaza homónima, donde resuenan las risas de los niños que se divierten jugando en el parque. Enfilo la calle de Ramón y Cajal y me adentro en el corazón del barrio, que me recibe con una sucesión de paredes de colores y portales de madera.

Gracia es uno de los lugares de Barcelona con una vida social y política más intensa, donde proliferan los centros culturales y de ocio y los comercios históricos alternan en perfecta armonía con establecimientos más modernos y juveniles. Esta mañana de marzo se respira aire de mercado, tareas domésticas y paseos ociosos por la plaza, una de las muchas que abundan en el barrio.

Artistas callejeros en el barrio de Gracia, Barcelona. Fotografía de Alice Orru

Un pasado artesanal

El reducido trayecto de metro que me lleva del centro histórico de Barcelona a Gracia parece alejarme kilómetros del trasiego atareado de los vecinos y los turistas que abarrotan plaza Cataluña y las Ramblas. Gracia es como un pueblo dentro de Barcelona, en sus orígenes independiente de la Ciudad Condal. Durante el gran desarrollo urbano e industrial de principios del siglo XIX se registró un crecimiento de la comunidad de Gracia y aumentó el número de familias de clase obrera que residían en el lugar, lo que se tradujo en el nacimiento de un importante activismo social y obrero.

El trazado urbanístico del barrio se basa en el concepto de plaza: cada conglomerado de calles desemboca en una plaza rectangular, de modo que la telaraña de viviendas no resulta agobiante y es fácil encontrar, incluso de manera casual, un área peatonal en la que detenerse y descansar.

En el mismo periodo en el que los urbanistas proyectaban este laberinto de callejuelas se expandía la actividad artesanal de Gracia, que se convirtió en un importante centro de producción textil. En las calles que ahora ocupan comercios de alimentación biológica y restaurantes de cocina étnica, en el pasado resonaba el repiqueteo de los telares y las voces de los trabajadores del barrio.

"Mi madre trabajó muchos años en La Sedeta", me cuenta Pepa mientras regresa del mercado de la Abacería Central empujando su carrito de la compra azul por la calle Mare de Déu dels Desemparats. "Así es como llamábamos la famosa fábrica textil Pujol i Casacuberta. A veces la acompañaba, pero no me gustaba nada porque me daba miedo la enorme chimenea de la que salía vapor. Además, el ruido era ensordecedor. Aquí vivían muchísimos artesanos, sastres y zapateros. Era un barrio lleno de vida, y por suerte eso no ha cambiado".

Mercado de la Abacería. Fotografía de Alice Orru

La Sedeta, que se encuentra en el límite oriental del barrio (Camp d'en Grassot y Gràcia Nova), fue el medio de subsistencia de numerosas familias de Gracia. La fábrica cerró sus puertas en 1975, pero su historia no acaba aquí. "El inmueble se vendió a un banco, que quería derribarlo para construir en su lugar un edificio de ocho plantas y 260 apartamentos. Pero los vecinos -prosigue Pepa con voz firme y un gesto de orgullo en los ojos- no estaban de acuerdo, se opusieron y organizaron el movimiento 'La Sedeta per al barri' (La Sedeta para el barrio). Decidieron ocupar la fábrica, lo que provocó que se interrumpieran las obras. Finalmente, tras dos años de negociaciones, en 1976 el Ayuntamiento de Barcelona compró el terreno y reconvirtió la estructura en una escuela y un centro cívico que hoy en día aún sigue activo".

El trajín de las actividades artesanales y obreras contribuyó también al aumento del asociacionismo político y cívico. En la actualidad, todavía pueden verse en las calles del barrio y en sus plazas mensajes de lucha política y social. Pepa se despide para ir a tomarse un café con leche antes de volver a casa. La veo batallar con el carrito de la compra mientras busca el monedero y desaparece en uno de los bares de la plaza de la Revolución de Septiembre de 1868. El nombre revolucionario de la plaza hace alusión a la Gloriosa, la sublevación popular que llevó al destronamiento de la reina Isabel II. En la actualidad, es una de las plazas en las que abundan los mensajes del movimiento independentista catalán.

Plaza de la Revolución, barrio de Gracia, Barcelona Fotografía de Alice Orru

Las plazas de Gracia y las fiestas

La plaza de la Revolución es una muestra más de que, en la actualidad, en el barrio de Gracia todo gira en torno a la cultura de las plazas y las terrazas, donde la costumbre de tomarse una caña o un café con leche al aire libre constituye una forma de vida. Incluso en los días laborables, las mesas de las terrazas están llenas de personas que disfrutan del tenue sol primaveral.

Si buscas una plaza en la que relajarte, te resultará difícil elegir entre todas las opciones que ofrece el centro neurálgico del barrio. Comienza por la plaza del Diamante, que reconocerás por la presencia de La Colometa, la estatua de bronce que representa a la protagonista de la novela catalana La plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda.

A continuación, dirígete a la plaza de la Virreina; en opinión de muchos vecinos del barrio, es la plaza en la que la sensación de estar en un pueblo es más intensa. La iglesia de San Juan Bautista y las casitas bajas que la rodean, construidas para acoger a familias de clase obrera, nos remiten a estampas típicas de poblaciones pequeñas.

Plaza de la Virreina, barrio de Gracia, Barcelona. Fotografía de Alice Orru

Si, por el contrario, prefieres vivir de lleno la marcha de Gracia, el enclave que buscas es la plaza del Sol. Ya sea de día o de noche, aquí nunca te sentirás solo, ya que los bares de la plaza atraen constantemente a quienes buscan música y diversión. Uno de los centros neurálgicos de las manifestaciones tradicionales del barrio suele ser la plaza de Rius i Taulet, rebautizada en 2009 como plaza de la Villa de Gracia, donde se encuentra la sede del distrito. Está presidida por el famoso Campanario de Gracia, la torre del reloj que suena en ocasiones especiales.

No todos los vecinos están contentos con la fama que tiene Gracia como barrio donde pasárselo bien. Josep se me acerca con las manos detrás de la espalda, con cautela pero quizás intrigado por mi cámara de fotos, y me dice lo que opina al respecto. Cuando le comento que estoy recopilando información sobre el barrio de Gracia, me dice que siempre ha vivido aquí.

"Soy un graciense de toda la vida. Me encanta mi barrio, pero ha cambiado mucho en los últimos años. Hay mucho ruido y los bares están abiertos hasta tarde, y esto a veces repercute en los vecinos de cierta edad". Por no hablar de las fiestas. "Están de moda desde hace unos años y vienen muchísimos turistas en busca de diversión al límite. Pero las fiestas de Gracia nacieron con otro espíritu, que es trabajar codo con codo para engalanar las calles y celebrarlo juntos con alegría. Se trata de una celebración entre vecinos. A lo largo de todo el año, se reúnen familias con niños, jóvenes y ancianos que están solos, como yo, para preparar los adornos de las calles. Es una fiesta de la comunidad. Pero ahora se ha echado a perder, ya no es como antes".

El barrio hipster y su transformación a lo largo del tiempo

No sorprende que el barrio haya cambiado estos últimos años. Es lo que sucede en todas las grandes ciudades y, en este sentido, Barcelona no es una excepción. El fenómeno de la gentrificación ha teñido con nuevos matices la vida del barrio y el multiculturalismo se nota a cada paso.

La vieja panadería que lleva produciendo barras de pan y bollería salada desde hace décadas resiste como si nada entre el auge de comercios de alimentación biológica e interiorismo. Este contraste es una realidad, pero no resulta chocante: Gracia sabe ser hipster y moderna, pero de repente te regala en una esquina una tienda de legumbres secas que conserva la carpintería de la década de los 70.

Tienda de legumbres. Barrio de Gracia, Barcelona. Fotografía de Alice Orru

Recientemente ha cerrado sus puertas una de las instituciones del barrio, Álvarez, la peluquería de la calle de la Perla. Incluso se celebró una fiesta como broche final de los cuarenta años de honrado servicio de este profesional procedente de la región del Bierzo. Los clientes y los vecinos brindaron en honor a Álvarez en la fiesta que organizaron en la calle, en la que hasta sonó la música de las gaitas como homenaje a las raíces del ilustre peluquero. Como se puede ver, en Gracia todavía existen personajes que todos los vecinos conocen y cuya jubilación se celebra como si fuera todo un acontecimiento.

Negocios locales en el barrio de Gracia. Fotografía de Alicia Orru

Y mientras se jubila un peluquero que ha hecho historia, la gente del barrio se ha acostumbrado a hacer la compra en los numerosos comercios de alimentación biológica o de legumbres a granel, como Granel, que no es más que una versión moderna de las antiguas tiendas de barrio.

Frutería ecológica en el barrio de Gracia. Fotografía Alicia Orru

Tras disfrutar de unas tapas, me uno al bullicio de personas que van de compras y recorro la zona comercial que se extiende entre las calles de Asturias, Travesera de Gracia, Torrent de l'Olla y Verdi. Paseo por las callejuelas a las que se asoman balcones con enseñas a favor de la independencia de Cataluña y curioseo por los escaparates en los que se expone ropa alternativa confeccionada artesanalmente con un toque típico de Gracia. Sin duda, para salirse de las tendencias multinacionales del centro de Barcelona, hay que venir a este barrio.

El no va más de la belleza, la solidaridad y las tendencias alternativas es Olokuti, un comercio situado en un inmueble señorial de la calle Asturias reconvertido en templo del comercio justo donde puedes encontrar de todo, desde elementos decorativos para el hogar hasta libros o productos de belleza.

Si te apasiona leer, te sorprenderá la cantidad de singulares librerías que encontrarás en el barrio. Cabe destacar la librería Guia de Travesera de Gracia, especializada en viajes; la Aeroteca, dedicada al mundo de la aviación y donde podrás vivir una experiencia inolvidable en un simulador de vuelo de un Boing 737; Hibernian Books, en la calle Montseny, para los aficionados a la literatura en la lengua original, y la librería Le Nuvole, en la calle Sant Lluís, la única librería italiana de la ciudad, donde además se organizan numerosas actividades culturales vinculadas a Italia.

Librería Italiana Fotografía Alice Orru

Cecilia, la fundadora de Le Nuvole, apuesta desde 2011 por la literatura y el cine para crear un punto de encuentro tanto para los amantes de la cultura del país de la bota como para la comunidad italiana residente en Barcelona. Además, la librería organiza presentaciones con autores italianos, así como cafés literarios en los que comentar lecturas en grupo.

Si tanta cultura te ha abierto el apetito, tienes numerosas opciones a tu alcance: desde la gastronomía típica catalana de la Taverna El Glop, en la calle Sant Lluís, hasta la cocina del sudeste asiático de Gado Gado, en la calle de l'Or; tampoco hay que olvidar los numerosos restaurantes mexicanos del barrio, como la Cantina Machito o el Chido One, entre la calle Verdi y Torrijos.

Calle Verdi. Barrio de Gracia, Barcelona. Fotografía de Alice Orru

Mientras me dirijo a la parada de metro Fontana, en el extremo occidental del barrio donde finaliza mi recorrido, me encuentro por casualidad con la maravillosa Casa Vicens, primera obra modernista de Gaudí, que se alza majestuosa en la calle de las Carolines con su decoración de delicados azulejos.

Casa Vicens. Barrio de Gracia, Barcelona.

Otra prueba irrefutable de la perfecta integración entre historia e innovación que solo el barrio de Gracia es capaz de regalarnos.