Quizás porque nació de volcanes o porque lucha contra las olas del Atlántico, Lanzarote es vibrante, transmite fuerza en todo su paisaje. El Parque Nacional de Timanfaya, situado en Yaiza, cuenta con mas de 25 volcanes y 180 especies vegetales, es uno de los mejores enclaves para empezar la visita a la isla. A lo largo de sus 5000 hectáreas contemplamos las Montañas de Fuego y La Caldera del Corazoncillo, y otros curiosos fenómenos geológicos como el charco de los Clicos, un inmenso lago verde creado a raíz de la acumulación de azufre y algas. El Parque Natural de Los Volcanes es otra de las visitas obligadas, alberga los mejores ejemplos de coladas de lava volcánica del planeta. Ajeno al resto del mundo, en el interior de este espacio protegido se encuentra el diminuto asentamiento litoral de Las Casas del Golfo, con apenas 15 habitantes.

Tradición vinícola. Para conocer bien la isla hay que recorrer sus recónditos pueblos con encanto con un aliciente añadido, el vino. Los desastres volcánicos ocurridos durante los siglos XVIII y XIX devastaron la tierra fértil pero, lejos de mermar el entusiasmo de los lanzaroteños, sirvieron de motor para la creación de originales sistemas de cultivo de la vid únicos en el mundo: los hoyos excavados en las tierras de lapilli o ceniza volcánica que aprovechan estas superficies yermas para cultivar una de las uvas mas preciadas: la malvasía. Una de las bodegas que ver en Lanzarote es la de La Geria, construida en el siglo XIX y la más visitada de toda España. En ella podemos disfrutar de una cata de este apreciado vino y de un paseo entre sus particulares viñas. El cultivo en zanja es otra de las especialidades del mundo vinícola de Lanzarote creando fascinantes paisajes en terrazas como los de La Haría. Ubicado en el "valle de las mil palmeras", es un verdadero oasis en medio del desierto.

Viña en La Geria Fotografía de: Yummifruitbat assumed (based on copyright claims). , via Wikimedia Commons

Cesar Manrique; su gran impulsor Al pasear por las calles de La Haría se respira la esencia de uno de los artistas españoles más reconocidos del siglo XX y el hijo más celebre de Lanzarote; César Manrique (1919-1992). Formado en sus primeros años como artista en Nueva York, al regresar a su tierra natal se propuso hacer de Lanzarote ''uno de los lugares más bonitos del planeta''. Y así fue. Gracias a su activismo ecológico "su isla" fue reconocida como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. El artista creó por toda su geografía espectaculares lugares de encuentro del arte con la naturaleza como los Jameos del agua, un túnel volcánico que Manrique convirtió en una maravilla arquitectónica y al que se accede descendiendo por una preciosa escalinata esculpida en piedra natural.

Los Jameos del agua Fotografía de NorbertNagel , via Wikimedia Commons

Como si se tratara de un verdadero jardín botánico, el Jardín de los Cactus es otro de los legados del artista canario. Gran ejemplo de intervención integrada en el paisaje, este cactarium se localiza en Guatiza y cuenta con mas de mil cuatrocientas especies distintas de cactus traídas desde Etiopía, Madagascar o las Américas. Para muchos, la obra cumbre de este canario universal es el Mirador del Río, que mimetizado en el entorno y a 500 metros de altitud permite disfrutar de la mejor panorámica de la isla. Desde aquí se divisa el Parque Natural del Archipiélago Chinijo y el Risco de Famara, pero sobre todo un horizonte sin fin en el océano que se vuelve mágico con los colores cobrizos y anaranjados de Lanzarote al atardecer.