Menorca es uno de los secretos mejor guardados del Mediterráneo. Su condición de reserva natural de la biosfera garantiza su preservación y consigue que, incluso en temporada alta, la isla no se vea desbordada de visitantes. Además, sus dimensiones reducidas la convierten en un destino fácil de recorrer en pocos días. Grandes arenales, calas recoletas, deporte, música, arquitectura, historia... existe una Menorca para cada gusto.

Costas singulares

En el sur encontramos playas blancas y paradisíacas. Binigaus, cerca de Sant Tomàs, es uno de los mejores ejemplos; caminando por la arena fina con el agua turquesa siempre presente se llega a un bosque que esconde unas famosas cuevas, la más conocida de las cuales es la Cova des Coloms, o "Catedral". Son Saura es también una playa característica del sur menorquín, es la más grande de la región este y es perfecta para quienes deseen disfrutar de un acceso fácil y un entorno amable.

Playa de Son Saura Por Daniel Lobo , undefine

La costa norte de la isla es totalmente distinta. Sinuosas carreteras surcan los campos de cultivo y conducen hasta abruptos acantilados que resguardan calas de roca negra y arcilla, vigiladas por faros majestuosos. El cabo de Cavalleria, el punto más septentrional de la isla, es una visita indispensable con su larga playa en forma de concha, sus calitas de piedra, su faro y las magníficas puestas de sol que se observan desde el mirador. Punta Nati, en la zona de Ciutadella, o Favaritx en el oeste, son otros dos hermosos cabos enclavados en paisajes bellísimos.

Puesta de sol desde Cap de Cavalleria By Jaume Meneses (Menorca´02) , via Wikimedia Common

Menorca auténtica

El interior de la isla respira mediterráneo, campos de cultivo y pastos de ganado, pinedas y caminos delimitados por los característicos muros de "paret seca". Con esta técnica tradicional de construcción se elevaron los famosos "talaiots" y "navetas" -ambas estructuras prehistóricas- como la famosa Naveta des Tudons, ubicada cerca de Ciutadella. Los amantes de la arquitectura apreciarán la bella simplicidad de estos monumentos megalíticos repartidos por toda la orografía de la isla.

Ciudades fascinantes

Por las calles tortuosas y adoquinadas de Mahón, encerradas por muros y repletas de monumentos, se llega hasta uno de los mejores puertos naturales del mundo, coronado por la imponente fortaleza de La Mola. En el centro histórico son visitas indispensables el concurrido Mercat des Peix (mercado de pescado), el Ayuntamiento y la iglesia de Santa María.

Catedral de Ciutadella de Menorca By Joseparr (Own work) , via Wikimedia Common

La segunda ciudad más poblada de Menorca es Ciutadella: su centro histórico, conformado alrededor de la catedral de Santa María, irradia una luminosidad especial gracias a las paredes de piedra de marés y la blancura de las casas señoriales. La antigua plaza de armas de la ciudad, Es Born, aloja un enorme mercado de artesanía, fiestas populares y todo tipo de eventos. El Mercat des Peix de Ciutadella es parada obligada para los que deseen degustar las delicias del mar; para tomar un refresco, nada mejor que las frescas terrazas bajo Ses Voltes. Isla de artistas, se puede contemplar y adquirir arte autóctono y artesanía local en el paseo del puerto.

Deporte y ocio

El turismo activo es también un poderoso atractivo de la isla: rutas en caballo, en kayak, senderismo y buceo, son solo algunas de las actividades que se ofrecen en Menorca. Tanto Mahón como Ciutadella cuentan con una amplia oferta musical en bares, discotecas y terrazas. Las esperadas fiestas de Sant Joan -se celebran en Ciutadella el 24 de junio y en otras localidades de la isla a lo largo del verano- son perfectas para conocer la tradición hípica de la isla y disfrutar de la extraordinaria hospitalidad de los menorquines, además de ser una buena excusa para probar la deliciosa "pomada", un cóctel típico de la isla realizado con limonada y ginebra de elaboración local.

Les Coves d'en Xoroi es otro de los enclaves esenciales. Esta gruta natural, en la costa de Alaior, dispone de grandes aberturas en la roca que se abocan al acantilado y desde las que se obtienen unas vistas fascinantes. La panorámica al atardecer desde este paraje mágico es de una belleza indescriptible. De noche, este romántico mirador se transforma en la que es para muchos la mejor discoteca de la isla.