La villa de Jesús y Carmen se deja caer, gozosa , sobre la arena de una playa que, increiblemente, en esta España de toalla propia sobre la toalla del vecino , presume de virgen, o casi. Evoco, soñadora, la sombra de unos árboles arraigados a la arena, donde disfrutaba de un mágico atardecer escribiendole, de nuevo, versos al mar. En la parcela del jardín privado (el mas grande de la urbanizacion,) esta singular pareja ha creado un espacio maravilloso de estilo chilout que, bajo dos altisimas palmeras, te invita a tomar una copa y a conversar sin tiempo .
Hablar de la villa en si misma, es hablar de buen gusto.y comodidad unidos.El acierto en la elección del mobliario, elegante y util, sin abrumar al visitante ni sobrecargar el espacio, me hizo sentir encantada durante los días que tuve la suerte de estar allí . Colchones comodos, con el punto justo de firmeza, una cocina equipada para el chef que, algunos llevamos en las tripas... En fin ... el lujo bien entendido .
Ahora me permito hacer mención de los propietarios de este lugar de ensueño. Como no podía ser de otro modo, la pareja formada por Carmen y Jesús, no sólo son estupendos anfitriones, sino unos seres humanos generosos y comprensivos, que te recuerdan, a golpe de empatía, que no todo es negocio. Gracias por todo, sois un 10.