Partiendo del sofisticado distrito de Ginza en Tokio, este viaje de un día completo ofrece una escapada a los apacibles paisajes y la espiritualidad atemporal de Nikko. A medida que el paisaje urbano se desvanece en carreteras de montaña y colinas boscosas, los viajeros son transportados a un lado diferente de Japón, rico en tradición, naturaleza y serenidad.
El primer punto panorámico destacado es una vista panorámica del emblemático puente Shinkyo, una estructura sagrada que se arquea con gracia sobre el río Daiya. Enmarcado por la vegetación e impregnado de leyenda, el puente sirve de puerta simbólica a los recintos sagrados de Nikko.
La aventura continúa con una visita al magnífico santuario Toshogu, una maravilla arquitectónica dedicada a Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Edo. Profusamente adornado con tallas, colores vivos y detalles intrincados, este Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO invita a la exploración a través de sus tranquilos patios y senderos espirituales, ofreciendo una visión del pasado feudal de Japón.
Para quienes elijan la opción con entrada al Santuario de Toshogu, ésta es una oportunidad de explorar a fondo el interior del templo. Los viajeros que opten por la versión sin billete tendrán tiempo libre para disfrutar de los alrededores a su propio ritmo.
A continuación, la excursión se dirige hacia las montañas para descubrir uno de los monumentos naturales más impresionantes de la región: las cataratas de Kegon. Con una altura de casi 100 metros, la cascada es un espectáculo poderoso pero apacible, rodeado de acantilados y bosques. Es un lugar perfecto para comer y reflexionar en medio de un paisaje natural espectacular.
(Nota: Debido a las condiciones meteorológicas, durante los meses de enero y febrero, la visita a las cataratas Kegon y al lago Chuzenji se sustituirá por una vista panorámica del templo Rinnoji y del santuario Futarasan.)
Por la tarde, visita el tranquilo Lago Chuzenji, enclavado en la base del monte Nantai. Conocido por su belleza paisajística y su atmósfera tranquila, el lago ofrece un último momento de quietud y armonía natural antes de volver a la energía de la capital.
Mientras el autobús emprende el camino de regreso a Tokio, los viajeros se llevan consigo impresiones duraderas de un día inmerso en el patrimonio sagrado de Japón y en su majestuoso entorno natural.