Nuestra primera parada en el Monte de los Olivos es la Iglesia de la Ascensión. Los restos de la rotonda original construida alrededor de la roca desde la que se cree que Jesús ascendió al cielo (Lucas 24:50-51).
En el cercano Pater Noster, un claustro y gruta de los Cruzados que conmemora el lugar donde Jesús predicó el Padre Nuestro (Mat 6:9-14), vemos esas mismas palabras en ciento veintitrés lenguas.
Antes de comenzar nuestro descenso por el Monte de los Olivos, nos detenemos para contemplar una impresionante vista de Jerusalén, sobre el antiguo cementerio judío. Como si lo tuviéramos en la palma de la mano, vemos extenderse ante nosotros la Ciudad Vieja y la zona del Monte del Templo e imaginamos el Segundo Templo destruido en el año 70 d.C.
A medio camino del monte nos detenemos en Dominus Flevit, donde Jesús lloró al prever la destrucción de Jerusalén. (Lucas 19:41-44).
En la Iglesia de Todas las Naciones del Huerto de Getsemaní recordamos a Jesús orando con los discípulos hasta su traición por Judas (Marcos 14:32-46
Cruzando el valle del Cedrón (el valle de Josafat), entramos en la Ciudad Vieja por la puerta del León y visitamos las piscinas de Betesda (Juan 5:1-9) en la iglesia de Santa Ana, deteniéndonos para disfrutar de la maravillosa acústica de la austera iglesia de los cruzados.
En los sótanos del convento de las Hermanas de Sión veremos una cisterna de agua del Segundo Templo y nos maravillaremos ante los grabados de los adoquines de la antigua calle Lithostratos.