Hoteles de Playa: Ibiza

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La niña noctámbula de la costa de España y uno de los destinos más codiciados del mundo. La referencia a la vida nocturna la damos por descontada, pero como destino apacible, sobradamente surtida de excelentes hoteles costeros como de otros más recónditos, Ibiza es también la reina.

Además de los clubes míticos que con su programación fecundan la vida social, eternizan las noches y sitúan la isla pitiusa en el mapa de todo juerguista que se precie, Ibiza ofrece un abanico de playas abiertas al Mediterráneo de entre las que destacan la de Las Salinas o la Playa d’en Bossa, dos de las más famosas de la isla. Espacios como Cala Conta o Cala Vadella, con sendos rincones de aguas turquesa, son también muy populares. En general, la oferta es muy variada en cuanto a servicios, accesos y paisaje (que en ocasiones se hace infinito, con trescientos grados de mar a la vista), y todas las opciones garantizan algún rasgo de personalidad que nos ayudará a experimentar el lugar.

La mística que acompaña su historial como destino hippie durante los años 60 y 70 hace de Ibiza un lugar con dejes telúricos, algo que en cierto modo se ajusta a su carácter natural de casitas encaladas y tradición agrícola y pesquera que hoy encuentra su contraste en el Paseo Marítimo de Sant Antoni, uno de los lugares más emblemáticos del municipio en su recorrido desde el casco urbano hasta la playa repleta de terrazas de S’Arenal. Pese a su extensión de apenas seiscientos kilómetros cuadrados, pasear por Ibiza (y no descartemos el salto a islotes fabulosos como los de Ses Margalides o Es Vedrà) supondrá un sinfín de estímulos para el visitante, que no podrá resistirse al bullicio de mercadillos como el de Punta Arabí, el de Es Canar o el mítico de Las Dalias, cita ineludible para ataviarse al perenne estilo adlib, la moda puramente ibicenca que impone la primacía de tonos blancos en el vestir.

Tras engullir una borrida de rajada o un sofrit pagès, que habrá de completarse con el dulce típico de las orelletes o el flaó y un chupito de hierbas anisadas, alzaremos la mirada para admirar la soberbia catedral barroca que resguarda a la Virgen de las Nieves, un templo que de noche luce bellísimo entre la multitud de iglesias y edificios para el culto que se distribuyen a lo largo y ancho de la isla.

La isla goza de un clima mediterráneo muy suave, con temperaturas templadas incluso en invierno. Se calcula que Ibiza recibe cerca de 3.000 horas anuales de sol, por lo que podrás aprovechar cada momento para tumbarte en tu hotel de playa o para lanzarte a cualquier tipo de actividad al aire libre.

Ibiza está muy dispuesta a la práctica de todos los deportes náuticos, que brillan en competiciones de calibre como la Ruta de la Sal o la Semana Internacional de la Vela para Cruceros. Pero si lo que te has propuesto es conocer a fondo las tripas de la Historia, no dejes de visitar el bien dispuesto Museo de Etnografía de Santa Eulària, una típica casa payesa con más de tres siglos de antigüedad que te dará a ver lo que ha sido la vida rural y la cultura original de la isla. Puedes completar la visita con un paseo por la cueva con pinturas rupestres de Ses Fontanelles, excavada en los acantilados, y la idea absoluta de santuario la obtendrás en la necrópolis de Puig des Molins, uno de los cementerios púnicos más grandes del planeta.

Ibiza está muy bien comunicada, ya que recibe mucho turismo nacional e internacional. Se puede llegar a la isla en avión (el Aeropuerto de Ibiza se encuentra a solo siete kilómetros del centro de la ciudad) o en barco, una buena opción si el viajero quiere llevar consigo su vehículo. Ya en la isla, podrás llegar a tu hotel de playa sin problemas sirviéndote de la red de autobuses.

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